Las heridas cierran

La piel de las cicatrices es, en ocasiones, más frágil que la original.
Esto significa que debemos cuidarla con mimo para no volver a lastimarnos.
Mas también implica algo más importante; la herida cerró…

Las heridas cierran…

Donde habita el olvido

(Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer)

¿Y cuál será, entonces,
la suerte que me aguarde
cuando la distancia, el tiempo,
o el amargo destino (¿quién sino?)
tras cruel desahucio, me exilien,
allí,
donde habita el olvido?

¿Qué habré de hacer,
paradoja sardónica,
si me encuentro solo,
mudo y sordo,
en un mundo sin silencios?

¿Será mi morada, vecina
del polvo, que intruso, polizón,
cabalga el rayo de sol
que se cuela entre descascaradas
rendijas?

La condena
al baúl de los recuerdos.
Al rincón
de la desesperanza y el sepia,
de secas telarañas
y de besos resecos.

Al olvido,
al cruel olvido
que habita
donde los relojes,
ya sin esperanzas,
se detienen…

¿Qué habría pasado?

Recién casados vivíamos en casa de mis suegros. En el fondo, en una pieza del tamaño de un garaje, separada del resto de la casa.
Frente a la puerta, a pocos pasos, las cuerdas de tender la ropa cruzaban el patio. Un palo las sostenía para que no bajaran tanto cuando las cargaban. Siempre me pareció exagerado ese pedazo de madera; no el largo, sino el volumen. El mucho palo que era para una función que, aunque importante, podía ser desempeñada por un humilde mango de escoba.
Si lo mirabas de un extremo parecía un cuarto de círculo, dos lados en ángulo recto y la curva que los unía.

Mi suegro trabajaba en una metalúrgica y su ropa no era de las que se lavan fácil; no señor. Necesitaban músculo y para ello estaba la pileta, de hormigón, hecha para soportar años de esfuerzo. En medio del fondo estaba; fregar es cansado y no iba una a estar yendo y viniendo. A la mitad el camino es más corto.
En ocasiones, al palo de las cuerdas lo apoyaban en la pileta. Otras, como aquella vez, esperaba caído a que alguien viniera y le encomendara la ropa limpia.

Salí apurado, de nochecita, y no lo vi cruzando mi camino; lo pisé y la curva de su costado me jugó una mala pasada. Giró y mi cuerpo sobre él le imitó. Mi cabeza pasó a apenas centímetros de la pileta.
Recuerdo la claridad con que la vi, a la tenue luz que salía de nuestra habitación. El vértice asesino contra el cual podría haber golpeado mi sien.

No se lo conté a mi esposa.
Aunque la esperanza de recién casados iluminara nuestra rutina, la luz de aquella lamparita era débil.
No habría podido con la oscuridad del miedo a la pérdida.

Distancia 

Y por esta distancia me pierdo.
Y no me encuentro dentro de mí.

Porque no estás a mi lado.
Porque no soy, si no estás.

Y mi mente necesita volar y buscarme.
Y mi alma necesita volar y encontrarte.

Tal vez ese viaje sea el mismo.
Tal vez ese viaje sea la respuesta.

Porque siempre te encuentro dentro mí.
Porque siempre te encuentro en mi corazón.

La cara fría

La luna, esa vieja cara pálida, esa falsa amiga que fue testigo de tantas efímeras promesas.

De tantos eternos que fueron instantes. De tantos ruegos a oídos inclementes. De tantos suspiros de labios cálidos.

Que iluminó caminos y delató escondites, que presenció escapes y crueles emboscadas, que supo de acechos y de huidas.

Que guió navegantes y caminantes, viajeros de agua y tierra, que conoció horas de siembra y tiempos de cosecha.

Que se ocultó tras nubes en la tormenta, que no iluminó cuando se buscaba, que no mostró cuando se precisaba

Porque, en ocasiones, allí, en la noche fría, allí en la noche negra, allí cuando vemos su rostro blanco. No vemos alba pureza, sino palidez indiferente.

Piel

​Bajo hechizo de tu piel
Piel de nardo, piel de hiel
Piel de hielo, piel de miel
Piel de luz, de luz blanca
Piel

Respiro 

​De repente levanté la mirada y la vi. Mi rictus derrotado fue mudando al mirar incrédulo, a la sonrisa, la risa y el llanto.
Pero fue un llanto liberador, largo. 
Largo y liberador del que, jadeando, salí agotado.
Pero agradecido. 

No estaba allí cuando volví a mirar.

Cuando escribo 

​Cuando escribo
Me gustan las oraciones cortas
Cortas
Contundentes
Terminantes
Seguras
Que aseguren
Y duden
Que cuenten
Y pinten
Que huelan
A pan
A lluvia
A amor
A rosas
A rosas de amor
A aventura
Y paz
A tormenta
Y amanecer
A tormento
Y sosiego

Me gustan las oraciones cortas
Cuando escribo

Ícaro

Plumas que flotan
De las alas de cera
Del imprudente

Arcoiris

Prisma de gotas
Que mientras pintan sueñan
Alcanzar el mar