Conversacione con Dio

Resulta que bajé del ónimo medio tarde porque la noche había estado buena y larga.
¿Y cuando estaba llegando a casa, no veo a la patrona yendo pa´la feria?
Lío en fija, asi que agarré y me metí en el primer lugar que encontré.
La iglesia.
¡¡Dio mio¡¡ ¿No había un lugar mejor pa meterme?
Y ya que estaba, agarro y me quedo en misa y le agradezco a Dio la mina que me levanté.
Todas las vieja estaban arrodillada así que me arrodillé yo también.
– Gracias Dio, por la mina que me levanté, taba divina la porteña esa…
¿Y no se me aparece Dio parado al lado mío? ¿Podés crer?
– Ejem… Tá, Dio, ponele que toy pecando pero te agradezco igual. Bueno, yo sé ques la mujer diotro y tengo la mía.
Dio me miraba con cara de milico de tránsito mirando el pibe que le sacó el auto a los viejos.
– Yo la amo y siento que a ella le pasa lo mismo.
Dio nada, seguía serio.
– E verdá, le digo yo. Dio nada y yo que me pongo nervioso y le entro a esplicar bien rápido.
Que no, que mirá que vive allá lejos (casi digo en el culo del mundo, pero eso no se le dice a Dio. Meno en la iglesia)
Fuego y condenación eterna ahí mismo.
– Que no me la cojí, Dio.
Ahí Dio levantó una ceja y se oyeron unos truenos.
Mal yo ahí, porque Dio ve todo. Porque Dio es Dio. ¿Entendé? Ve todo aunque te escondás.
Te sabe los número de la quiniela Dio.
Pero no juega. Siempre gana. Y si ganá siempre no tiene gracia.
Dio le dice a Rodriguez Tabeira, sacame el 621 a la cabeza y el va y se los saca.
No se los va sacar? Si es Dio que le dijo.
Dos por tré, Dio está aburrido y va y te hace salir el 03 ques el número de San Cono.
Chocha la gente de contenta.
Bueno Dio, me agarraste, me la cojí. ¡Pero solo una vé!
¿Qué? ¿Que en el altar juré fidelida?
Pero no dije que no iba a cojer.
Ademá me dolía un huevo, Dio. Vo sabé. Pero igual el compañero anduvo.
Ahí Dio medio descruzó los brazo…
Me mira como diciendo: cierto, te la compliqué pila esa noche. ¿Eh? Pero saliste adelante. Eso me complace.
Porque sí, Dio es de meterte el dedo en el culo, pero si salí adelante te respeta.
Como a Onán, que era flor de pajero pero está en la Biblia.
E un apóstol, creo.
Como que lo descoloqué a Dio cuando le hice acordar que me hizo doler un huevo toda la noche.
Ahí nomá le dije que de la Biblia sabía cualquier cantidá.
Preguntá. Dio, le digo, preguntá nomá.
Medio se sonrió y me dice: ¿Los mandamientos y eso del orgullo lo leíste alguna vez ?
Voz gruesa tiene Dio.
Te canta en cualquier orquesta Dio si quiere.
Pero no quiere. ¿Por qué pa qué se mete uno en las orquestas ?
Pa montarse las mina. Te ven en el escenario y emputecidas quedan.
Pero Dio no quiere eso. Lo prohibió y todo.
Y Dio no é peronista pa andar trampeando a los que lo votaron.
Entonces no canta en ninguna orquesta.
Yo le digo, no Dio, ese día no vino el monaguillo y no enseñaron esa parte en catequesi.
Y me pregunta de lo apóstole.
Yo le digo, y lo maté.
No lo maté, porque Dio e imortal, pero le dije: ¡Caín, Abel, Poncio Pilato y el faraón de egito papá!
Ahí Dio abre grande los ojos y larga la carcajada. Se ve que se alegró de encontrar uno que sabía tanto.
Ahí Dio me palmea la cabeza y me dice, tá bien hijo mio, vé conmigo.
Porque así dice Dio cuando dice vé con Dio
Y desapareció.
Abrí las vista y estaba una monjita barriendo la iglesia.
Dicen que algunas monja andan siempre medio necesitada, pero esa era vieja y yo con ella no quería nada.
Agarré y me fui pa casa.