Gregorio – adelanto II

Blanca había sido ama de llaves de esa casa por generaciones, era de las pocas personas en las que el general confiaba y la única que pudo servirle, luego del amargo trago de la viudez. Tal vez por eso, el señor respondió cuando ella, sin poder soportar la curiosidad, preguntó sí era cierto que el niño iba a estudiar medicina.
El anciano frunció el ceño, se sirvió una copa de Brandy y, luego de tomar un trago, se recostó, pensativo.
Blanca creyó que se había excedido, que, por primera vez en cincuenta años, había olvidado su lugar.
Pero Don Braulio respondió y ella supo que el señor no había tenido oportunidad.
– Tiene la mirada de su abuela.