Gregorio – adelanto

El artesano miraba la puerta casi terminada, pensativo. Conocía a carpinteros con años de experiencia que, difícilmente, habrían hecho un trabajo tan bueno. Claro que “años de trabajo” no significa que sean años de “buen trabajo” o, de trabajo bien hecho, eso era tan viejo como la humanidad. Pero debía reconocer que el niño tenía habilidades naturales.
Duarte se estiró, hizo una mueca cuando su espalda crujió y otra cuando fueron sus rodillas las que lo hicieron, al agacharse. Como lo había pensado, la puerta encajaba perfectamente; claro que necesitaba una pequeña atención con una lija fina, pero incluso las que él hacia, lo necesitaban, de vez en cuando.
Dio los pequeños toques finales que la puerta necesitaba y la barnizó en la cada vez mas tenue luz del crepúsculo