Habilitado por la municipalidad (un extracto de Gregorio)

Nelson Pavón era, como gustaba decir, un comerciante en maderas “habilitado por la municipalidad”, esto es, era proveedor del municipio para cualquier trabajo mediano.
Si la obra era grande, la municipalidad compraba en grande, era algo lineal. Una línea que pasaba muy por encima de las posibilidades del mejor de los hijos de don Pavón, que en paz descanse.
Pero, como él mismo dijera a su hijo, “a veces no es lo mucho, es lo seguidito”, claro que el hombre se refería al motivo del malhumor con el que llegaba a casa cada vez que su mujer mandaba a nelsito a buscar a su padre al boliche.
No era una gran molestia que lo mandaran buscar, el problema era lo seguido.
Su hijo entendió el concepto y trató de aplicarlo siempre, eso no hizo que las palizas que su padre les daba, a él, a su madre y hermanas cada vez que llegaba muy bebido, dolieran menos, pero, a la larga, resultó ser una gran lección de vida.
Los que se dedicaban a los grandes embarques tenían ganancias enormes, eso era innegable, pero la propia dimensión del negocio hacía que los márgenes no fueran tan amplios como se podría pensar. Y los riesgos no eran algo a pasar por alto.
Pavón conoció un par de mayoristas que se creían demasiado grandes para caer, que movían enormes cantidades de materias y dinero, pero en un caso una tormenta en el Paraná y en el otro un voraz incendio (se murmuraba que no del todo accidental) los habian llevado a la ruina y las puertas de la tragedia.
Él se dedicaba a los pedidos medianos, aquellos que no llamaban la atención de los grandes mayoristas pero escapaban de las posibilidades de la mayoría; cambiar la madera de cien o doscientos bancos de plaza no ameritaba mover un barco por todo el río hasta Misiones, pero era el tipo de pedido que se hacia con regularidad.
Y, como nelsito había aprendido mientras las lágrimas de mamá corrían como las suyas, lo importante no era lo mucho, era lo seguidito