La cara fría

​La luna, esa vieja cara pálida, esa falsa amiga, que fue testigo de tantas efímeras promesas.

De tantos eternos que fueron instantes. De tantos ruegos a oídos inclementes. De tantos suspiros de labios cálidos.

Que iluminó caminos y delató escondites, que presenció escapes y crueles emboscadas, que supo de acechos y de huidas.

Que guió navegantes y caminantes, viajeros de agua y tierra, que conoció horas de siembra y tiempos de cosecha. 

Que se ocultó tras nubes en la tormenta, que no iluminó cuando se buscaba, que no mostró cuando se precisaba

Porque allí, en la noche fría, allí en la noche negra, allí cuando vemos su rostro blanco. No vemos alba pureza, sino palidez indiferente.