Leyendo fábulas

“Y, mientras parado junto a la ventana lamía sus patas húmedas, el gato pensaba: delicioso el pececito dorado”
Sonrió; sin duda Esopo jamás habría terminado así una fábula, pero este era uno de esos casos en que lo importante no es tanto el relato sino la voz del narrador.
El barcito estaba a pocos pasos; no podía llamarsele así en el sentido estricto de la palabra, mas tenía cuanto necesitaba para disfrutar la lectura.
Una viva gota rubí tiñó el blanco mantel al servir.
Saboreó despacio su copa de vino, suspiró de placer  y se sumergió en la siguiente página.