Primer equinoccio

Caminábamos, soñando,
a la vera del rio.
Sabiendo que aquel momento,
efímero, sería lo único nuestro
en mucho tiempo.
Volvimos a la cama, después,
y las ansias supieron a despedida.
Las miradas, los suspiros, los sabores.
Las sonrisas compartidas
y los pasos lentos.
Como si todo el tiempo fuera nuestro.
Todo el tiempo, de todas las vidas.
Mintiéndonos la tranquilidad,
saboreando los minutos,
como si no estuviesen contados.
Conscientes del futuro silencio
obligado de nuestros cuerpos
Temiendo que en el futuro
no habría lugar, ni tiempo.
Es el recuerdo, la promesa que es,
cual invitación vacua,
enunciada sin ánimo de cumplirla
Quedan los sabores, las sensaciones.
Los recuerdos de sabores,
los recuerdos de sensaciones
Que agitan las ascuas
de un fuego que, languidece,
mas nunca se apaga.