Respiro 

​De repente levanté la mirada y la vi. Mi rictus derrotado fue mudando al mirar incrédulo, a la sonrisa, la risa y el llanto.
Pero fue un llanto liberador, largo. 
Largo y liberador del que, jadeando, salí agotado.
Pero agradecido. 

No estaba allí cuando volví a mirar.